Por J. Salatiel Arroyo
En Morena se ha vuelto costumbre tomar decisiones en contra de la lógica y actuar con marcada incongruencia, tanto en disposiciones del partido, como en el ejercicio de gobierno. Por eso no sorprende que Carlos Torres Piña haya sido designado virtual candidato al gobierno de Michoacán y que el Senador Raúl Morón Orozco haya perdido, aun cuando este último traía más trabajo de promoción y la promesa presidencial de que “ya se la debían” … y, en México, a la voluntad del ejecutivo nacional la clase política la toma por “decreto” … cuando el ejecutivo es el que manda, “no él que viven enfrente”, o en “La Chingada”; peor aún, en la SSPC, como se ha intentado hacer creer.
Ya hemos afirmado que los políticos nunca pierden, menos los que se registran en busca de candidaturas. Ellos negocian la permanencia en el disfrute de privilegios, ser incluidos en otras candidaturas, cargos en el servicio público para ellos y su familia, dinero en efectivo, negocios y todo aquello que les permita seguir lucrando con el poder y engrosando sus cuentas bancarias. Esto, todos lo saben, excepto sus fervientes admiradores y seguidores, que los perciben como deidades impolutas, o les gana la avidez de apropiarse las migajas, imitarlos, intentar ser iguales o superarlos. Son los típicos mercenarios, que estarán al servicio del mejor postor.
Por lo pronto, el Senador Raúl Morón Orozco ha quedado descartado, para convertirse en Coordinador de la “Defensa de la Transformación y Soberanía Nacional” en Michoacán; pero NO de ser candidato, pues su equipo puede impugnar el fallo impositivo de la dirigencia nacional de Morena y solicitar reposición del procedimiento “electivo” interno. Además de exigir que dichos métodos, de selección de candidatos, sean realmente democráticos y transparentes; y los aspirantes escrupulosamente investigados, pues se duda que la mayoría puedan superar indagatorias objetivas de la UIF.
Ahora bien, la costumbre nos ha mostrado que, en Morena, las “Coordinaciones” se convierten en candidaturas, creando el vocablo para evadir la legalidad. Haciendo creer que la nominación no está definida. Por lo que, podría aprovecharse esa “estrategia” evasiva para modificar el acuerdo e instalar un candidato, o candidata, diferente al Coordinador. Elementos probatorios de transgresión a las normas, existen suficientes.
A LOS “MORONES” NO LES CONVIENE DEJAR MORENA, MENOS POR EL PT
Pero, si no fuese el caso, Raúl Morón de todos modos podría ser candidato, y tal vez hasta ganarle a Morena, con las respectivas alianzas políticas (no delincuenciales) estratégicas. Si no es con esas alianzas que contribuyan a la victoria, no le conviene dejar Morena y menos por el PT, que no tiene nada, sólo se ha dedicado durante décadas a lucrar con el logo y aprovechar las alianzas (primero con Raúl Salinas y ahora con Morena) para encaramarse y perpetuarse en las Cámaras, principalmente Alberto Anaya Gutiérrez, su dueño, y los lisonjeros de este.
Pero las siglas del partido (PT) pueden resultar útiles para chantajear y golpear, incluso para impulsar un gran frente michoacano contra la imposición y permanencia de la infiltración delincuencial. Esto último, naturalmente jamás lo harán, va contra la esencia de los dueños de la membresía y los intereses de la agrupación partidista.
Si el PT cumple su palabra de romper la alianza con Morena, no pasa nada, al contrario, el partido de López Obrador sale ganando, dispondría de esos espacios que le ha entregado a dicha franquicia para distribuirlos entre liderazgos auténticos y fortalecer sus bases leales. El partido todavía mayoritario -y no por el PT- no debe ceder a chantajes de los azotadores del pesebre, los que muerden la mano que los ha enriquecido.
Aunque los escenarios y circunstancias podrían ser distintas, Morón debe revisar las experiencias pasadas, como la de Cristóbal Arias Solís que, en 2021, perdió la encuesta frente al propio Raúl Morón Orozco, y haciendo berrinche el oriundo de Churumuco se registró como candidato por el Partido Fuerza Por México, perdiendo abrumadoramente y quedando aislado de los acuerdos y de las “bondades” del partido oficial por algún tiempo. Al final, la candidatura al gobierno del estado por Morena fue para Alfredo Ramírez Bedolla, quien ahora es señalado de no dar cumplimiento a los acuerdos signados por el apoyo recibido de Leonel Godoy y Raúl Morón, aunque los hijos de ambos políticos se favorecieron de la nómina en la administración Bedollista.
En esta ocasión, si Raúl Morón no hace berrinche y se somete dócilmente a las irregularidades ejecutadas durante el proceso interno del partido, Morena seguramente le ofertará espacios en el gabinete para su familia y cercanos, candidaturas para sus seguidores en distritos y municipios, y no se distanciará de su amiga la presidenta, de tal manera que podría continuar fortaleciendo sus estructuras y liderazgo e impulsar nuevos cuadros para dentro de seis años, de entre sus incondicionales. Pero, sobre todo, podrá pugnar por la purificación y democratización del partido desde adentro.
Pero si se va, lo perderá todo, excepto lo que conserve de dignidad. Pues en política, cada vez resulta ineludible entre los actores principales aprender a tragar excremento, sin hacer gestos. Si es que pretenden involucrarse en ese puerco negocio.
CONVENIENTE QUE MORENA SEA EXPULSADO DEL PODER
Obviamente a los mexicanos, en particular a los michoacanos, conviene que el partido gobernante reciba una sacudida, de ser posible expulsarlo del poder… mínimo que se obligue a la reflexión a los que ahí deciden o mandan, que se den cuenta que se han distanciado de los intereses y necesidades de la población, que lejos de ser la solución, se han convertido en el mayor problema de la colectividad y se les debe obligar a rectificar, pero antes asumir las consecuencias de sus decisiones, actos y omisiones.
Insisto, Morón ya no pierde -aunque finja desolación- a él solo le toca ganar y ganar. Sí así lo desea seguirá siendo Senador de la República durante tres años más y muy probablemente, dependiendo de su capacidad de negociación, se convierta en Secretario de Educación, si es cierto que es amigo de la presidenta. Ni siquiera los arribistas y oportunistas, muchos venidos del PRI y otros del grupo del ex gobernador Silvano Aureoles, se quedarán fuera de la nómina (que es lo que realmente les importa). Muchos de ellos, para evitar desbandada y emigración a otras fuerzas políticas antagónicas, serán compensados con candidatura, integrados a planillas, formulas, gabinetes y negocios al amparo del servicio público.
Obviamente tendrá que seguir presionando y amagando a través de sus discípulos y “golpeadores” para vender cara su “lealtad”, disciplina e institucionalidad, en torno a la unidad partidista.
Y, aunque inicialmente aceptó los resultados, prometiendo respetar y acatarlos, sin participar representando a otra fuerza política, también puede desdecirse y culpar a la voluntad del pueblo, a través de reuniones regionales informativas (como las que estuvo realizando durante meses para promocionar su “imagen”) y de consulta ciudadana, donde seguramente los asistentes le dirán -mayoritariamente- que no los traicione, que defienda hasta el final la victoria obtenida en las “encuestas”, que no se venda, ni acepte las sobras, que luche para que el partido se democratice, que se respete la voluntad de la mayoría y que exista transparencia en todo, especialmente en los procesos electivos internos.
También le pedirán que promueva y exija equidad en las competencia dentro del partido y frente a otros institutos políticos, que se rescate la esencia y objetivos del movimiento (de Regeneración Nacional), que se promueva la autocritica y se combata la censura, esa que fomenta la arbitrariedad e impunidad, para proteger a los que con dinero y poder atropellan las aspiraciones políticas, electorales, sociales, de bienestar y de seguridad, de los demás; donde únicamente gana el más perverso, no el capaz y honesto. Prácticas que hoy los ha convertido en víctimas, cuando hace poco ellos mismos condenaban a quien las señalaba.
A Raúl no le conviene dejar Morena, cuando puede salir ganando, especialmente credibilidad y respeto.
Si es cierto que conserva rectitud y dignidad, el perder lo fortalecerá. Convirtiéndose en generador de equilibrio ante los excesos de la casta gobernante en el estado, que pretende perpetuarse (lo que siempre debió hacer, como representante popular).
El ¿Cómo? Es lo que debe consultar con la colectividad, o con sus seguidores y operadores. Le servirá además para saber que tan honestos son y si merecen la oportunidad de crecer en la vida pública o son también vividores, prófugos del trabajo honrado y amantes del dinero fácil, como la mayoría de “Morenarcos”.