Marco Aguilar
Hace casi dos semanas señalé públicamente —y directamente a la autoridad municipal— el abandono visible en el Centro Histórico de Pátzcuaro. Hoy, la escena es exactamente la misma: el mismo sillón tirado en plena vía pública, a escasos metros del Palacio Municipal. Esa persistencia no es un descuido menor: es la síntesis perfecta de la falta de vocación de servicio y de la indiferencia institucional ante lo cotidiano.
Este sillón abandonado no es sólo un objeto fuera de lugar. Es un símbolo del desinterés por atender lo básico, mientras se invierten recursos públicos en campañas mediáticas para promover la candidatura de Pátzcuaro como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Sin atender la limpieza, el orden y el mantenimiento, cualquier aspiración a una declaratoria internacional no pasa de ser propaganda costosa.
El contraste es evidente: discursos oficiales sobre la “grandeza” de Pátzcuaro y su “vocación patrimonial” frente a la realidad de mobiliario urbano deteriorado, basura y objetos tirados en pleno corazón histórico. La ciudad no demuestra compromiso con su propio patrimonio ni con sus habitantes, mucho menos con estándares internacionales.
El reconocimiento de la UNESCO no se obtiene con publicidad, sino con políticas públicas efectivas, mantenimiento constante y participación ciudadana real. Es urgente que las autoridades pasen del discurso a la acción, atendiendo la limpieza y la gestión del espacio público con la misma energía con que promueven su imagen en los medios.
Ese sillón, inamovible por semanas, resume la actitud oficial: indiferencia, falta de servicio y ausencia de cuidado. Mientras persista esa conducta, cualquier declaratoria de Patrimonio Mundial seguirá siendo una fantasía costosa e insostenible.
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