Cantoya Fest 2025: expectativas infladas, realidades estrechas

Comparte la noticia:

Marco Aguilar

El gobierno municipal de Pátzcuaro ha anunciado que el Cantoya Fest 2025 recibirá más de 200 mil visitantes en tres días, con una supuesta derrama económica de 220 millones de pesos. Pero la experiencia, el conocimiento del territorio y la lógica simple nos dicen otra cosa.

¿Dónde y cómo cabe tanta gente?

El evento se realiza en el corazón del Centro Histórico: Plaza Vasco de Quiroga, el Atrio del Colegio Jesuita, algunas calles cerradas al tránsito, y también la Plaza de San Francisco. La Plaza Gertrudis Bocanegra está cerrada por obras. Aunque pareciera mucho, al medir las áreas efectivas —considerando jardineras, desniveles, mobiliario y estrechez de calles— no se tienen más de 13,000 m² de espacio útil real.

A una densidad alta (2 m²/persona), la capacidad máxima simultánea es de 6,500 personas. Pero hay más: en temporada de lluvias, como es julio, el lanzamiento de globos se interrumpe o se posterga. La gente suele refugiarse en negocios, portales, cafés y restaurantes, haciendo que la rotación de visitantes se alargue aún más.

Además, la estancia promedio para quienes vienen de ciudades cercanas como Morelia o Uruapan es de al menos 5 horas, considerando los traslados. Esto limita la rotación de personas por día, lo que significa que una sola persona ocupa su lugar toda la tarde.

¿Cuántos podrían venir realmente?

Sumando todo:

6,500 personas simultáneamente en espacio público.

Con estancias de 5 horas en un día de 8, habría solo una rotación completa, quizá una segunda parcial por la mañana.

Resultado: máximo 7,000 a 8,000 personas al día.

A lo largo de tres días: entre 21,000 y 25,000 visitantes reales. No 200 mil.

¿Y la población local?

Claro que la gente de Pátzcuaro participa: muchas familias salen un rato por la mañana, otras en la tarde, algunas van a ver globos, otras a los conciertos. En total, podrían ser unas 2,000 personas locales diarias, incluyendo visitantes, trabajadores y comerciantes.

¿Y los servicios? ¿Y el comercio?

El comercio local ocupa alrededor de 700 espacios de estacionamiento. Por eso, aunque el número de visitantes sea menor, la saturación vial es real.

Durante el evento, todos trabajan con la esperanza de una buena derrama económica, aunque muchas veces los beneficios reales no llegan de forma equitativa.

Habrá también un concierto masivo en la Plaza Vasco de Quiroga, que sí concentra a muchos asistentes, principalmente locales, aunque con visitantes de fuera. Pero su afluencia depende casi siempre del estado del tiempo.

Entonces, ¿por qué inflar las cifras?

Porque la lógica del poder necesita mostrar éxito, aunque no exista. Y para justificar los gastos y promover a las autoridades, se recurren a números que no tienen base ni verificabilidad, que no se corresponden con la escala del territorio, ni con su capacidad de carga, ni con su infraestructura urbana o cultural.

Pero inflar las cifras no mejora la ciudad, no protege su patrimonio, ni mejora la calidad de vida de su gente. Al contrario: sobrecarga a los prestadores de servicios, presiona los espacios comunes y da una imagen falsa de prosperidad y planeación.

Pátzcuaro no necesita espectáculos inflados, necesita respeto y verdad

La ciudad tiene vocación cultural, no turística a cualquier costo. Su escala no admite multitudes masivas sin afectarse. Su historia, su trazo, sus portales y su gente, piden algo distinto: orden, equilibrio, sensibilidad. No simulación.

Si algo tiene valor en este lugar es su medida humana, no su capacidad de fingir que es lo que no es.