Mercado nuevo, viejas omisiones: comerciantes desprotegidos en Pátzcuaro

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Marco Aguilar

Desde el inicio, al momento de la entrega de los locales del nuevo mercado de Pátzcuaro, bastaba un poco de sentido común para advertir un grave error de diseño: los espacios no contaban con protección alguna para salvaguardar la mercancía cuando los puestos se encontraran cerrados. A cielo abierto, sin plafones ni rejas superiores, los locales eran una invitación al robo.

Ante esta omisión evidente y la negativa de la SEDUM —en ese entonces aún responsable del inmueble— para permitir adaptaciones mínimas, muchos comerciantes optaron por proteger sus negocios por cuenta propia. La dependencia, lejos de apoyar, amenazó con retirar espacios a quienes instalaran estos elementos, ignorando por completo las necesidades básicas de funcionamiento y seguridad.

La regla absurda se ha mantenido hasta hoy, con consecuencias lamentables: múltiples comerciantes han sufrido robos, con pérdidas económicas que nadie asume ni repara. Mientras tanto, el mercado sigue sin reglamento interno, sin contratos de comodato, sin una administración formal ni responsables designados. Todo opera a la deriva, en el abandono institucional.

La autoridad municipal, rebasada e inoperante, ha sido incapaz de tomar el control. Su papel ha sido el de un simple espectador, mientras la titular de la SEDUM —aunque el edificio ya fue entregado— continúa dando órdenes como si nada hubiera cambiado.

Ante este vacío de autoridad y de sensatez, los comerciantes han optado por hacer lo que resulta evidente: proteger su mercancía como puedan. Porque un mercado sin reglas, sin orden y sin resguardo, no es un mercado: es un fracaso administrativo.

Y mientras tanto, el gobierno municipal anda en todo, menos en lo que debe. Presente en todas las clausuras escolares para salir en la foto y ganar simpatías, ausente en la gestión de uno de los espacios públicos más importantes de la ciudad.