Marco Aguilar
Ayer por la tarde, desde los desbordes del río Guani hasta la entrada de agua en el nuevo mercado, quedó nuevamente expuesta la incapacidad del gobierno municipal para prevenir lo previsible. Las lluvias no son eventualidades extraordinarias en Pátzcuaro: son parte del ciclo natural del territorio. Lo que sí es extraordinaria es la negligencia con la que se gobierna, la falta de planeación real y la prioridad que se da al espectáculo por encima de la infraestructura que realmente se necesita.
Mientras el nuevo mercado evidencia sus fallas desde la primera temporada de lluvias —por errores de diseño, ejecución e improvisación—, el río Guani sigue siendo tratado como lo ha sido por décadas: como drenaje a cielo abierto, receptor de basura y colector pluvial mal intervenido. La ciudad ha crecido sobre su cauce sin ningún respeto técnico ni ambiental, con obras que lo entuban y estrechan para abrir paso a calles y banquetas. Se le exige cada vez más, pero se le da cada vez menos espacio, menos limpieza, menos inversión.
El alcalde ha presumido públicamente un “Plan Hídrico” y la idea de un parque natural en torno al río, pero hasta ahora todo ha sido discurso. En los hechos, no hay un solo metro de cauce rehabilitado, ni un muro de contención, ni una defensa que proteja a la ciudad de lo que ya sabemos que ocurre cada año. Las únicas acciones visibles han sido desmalezados superficiales, colectores improvisados en otras colonias, y talleres de sensibilización sin seguimiento.
Todo son promesas. Se dice que no hay dinero para obras urgentes, pero nunca faltan los recursos para eventos, para la tarima, para la imagen. El río Guani, como el mercado, como muchas otras zonas de Pátzcuaro, son muestra clara de lo que esta administración representa: propaganda sin proyecto, discurso sin compromiso, obras sin sustento. Y mientras tanto, la ciudad se sigue inundando —de agua, de basura y de simulación.