Pátzcuaro: entre el espectáculo y la verdad

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Marco Aguilar

«Cuando las cuentas no cuadran, el problema no son los números: es el gobierno».

Hay algo más peligroso que una mentira: una mentira institucionalizada. En los discursos oficiales del Ayuntamiento de Pátzcuaro sobre el Cantoya Fest 2025, el papel lo soporta todo, y las redes sociales aún más. Pero los números no mienten; quienes mienten son quienes los manipulan.

En su publicación inicial, días antes del evento, el gobierno municipal anunciaba con entusiasmo la expectativa de una derrama económica de 220 millones de pesos. Luego, al cierre del evento, bajaron súbitamente la cifra a 30 millones de pesos. Nadie explicó por qué, ni qué metodología utilizaron en uno u otro caso. ¿Qué pasó con los 190 millones restantes? ¿Se esfumaron con la misma facilidad con la que se inflaron?

Las inconsistencias son grotescas. No sólo en lo económico, también en lo físico. En una de sus gráficas finales afirman que 200,000 personas “visitaron” el festival. Pero ni siquiera se tomaron la molestia de diferenciar entre visitantes y participantes, ni entre foráneos y locales. Pátzcuaro tiene menos de 100 mil habitantes; pretender que 200 mil personas circularon por sus calles en tres días es, cuando menos, una fantasía irresponsable, y cuando más, una muestra de incapacidad para entender la diferencia entre promoción y propaganda.

En el mejor momento del evento —el sábado por la tarde y noche—, a pesar de la lluvia, la Plaza Vasco de Quiroga concentró cerca de 18,000 personas, cifra estimada con base en fotografía aérea y superficie disponible. Fueron cuatro personas por metro cuadrado en las zonas de mayor densidad, sin que la plaza llegara a su máximo de ocupación. A lo largo del día, incluyendo el flujo en calles aledañas y eventos paralelos, se puede estimar un pico de participación cercano a 30,000 personas, muchas de ellas habitantes del municipio y de poblaciones vecinas.

Los hoteles estuvieron llenos, sí, pero Pátzcuaro cuenta apenas con 1,800 habitaciones, lo que permite estimar una pernocta de alrededor de 4,000 personas. A eso se suman los 650 alojamientos disponibles en plataformas como Airbnb, los cuales podrían albergar en promedio a unas 2,000 personas. En total, la ciudad no pudo haber alojado a más de 6,000 visitantes por noche. El resto volvió a sus casas, a sus pueblos cercanos, o simplemente transitó por unas horas.

No hay fundamento para hablar de cientos de miles de visitantes ni, mucho menos, de 220 millones de pesos en derrama económica, una cifra casi igual al presupuesto anual del ayuntamiento. La magnitud de la mentira no está en el número, sino en la intención de convertir la ilusión en logro institucional.

Esta desconexión entre la realidad y el discurso oficial revela un problema más profundo: la falta de profesionalismo y de ética pública. El Ayuntamiento no sólo no sabe contar, sino que tampoco sabe comunicar con verdad. Confunde entusiasmo con efectismo, y participación ciudadana con números inflados.

Lo que está en juego no es un evento, es la credibilidad institucional. No se puede administrar un municipio como si fuera una cuenta de Instagram. Mientras se privilegia el aplauso inmediato, se oculta la improvisación, el descontrol y el endeudamiento silencioso. Los globos de Cantoya se elevan, sí, pero las finanzas y la planificación del municipio parecen caer en picada.

Pátzcuaro no necesita más humo en el aire. Necesita claridad, rigor y respeto por su gente.