Educación: senderos para las generaciones jóvenes

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Horacio Erik Avilés Martínez*

 El 12 de agosto, las redes sociales de las dependencias gubernamentales se inundaron de mensajes celebrando el Día Internacional de la Juventud. Se pronunciaron discursos, se hicieron eventos y se publicaron fotografías institucionales que pretendían exaltar el papel de los jóvenes como el motor del cambio y el futuro de nuestra entidad. Sin embargo, cuando las luces de la conmemoración mediática se apagan y observamos con rigor analítico el ecosistema real en el que habitan y se forman los jóvenes michoacanos encontramos profundas incongruencias. En Michoacán, ser joven y estudiante es, hoy por hoy, un acto de supervivencia y resistencia frente a un Estado que parece haber claudicado en su obligación más sagrada: garantizar el derecho humano a una educación digna, segura, universal, inclusiva y de excelencia.

El inminente inicio del ciclo escolar 2026-2027, programado para el próximo 31 de agosto, refleja una tormenta perfecta. No estamos hablando únicamente de los históricos y crónicos déficits de infraestructura o de los desencuentros magisteriales; estamos ante la confluencia de una violencia territorial que ha secuestrado las aulas, una Secretaría de Educación en el Estado (SEE) que lleva siete largas semanas vergonzosamente acéfala y la implementación de programas de conectividad digital que, desprovistos de un andamiaje pedagógico, exponen a nuestra juventud a los peligros no regulados de la Inteligencia Artificial (IA) integrada en las redes sociales. Todo esto, coronado por un pasmoso vacío de nuevas políticas públicas.

Para entender la magnitud de esta crisis, es imperativo tropicalizar los datos y aterrizarlos en la geografía michoacana. El discurso oficial celebra haber rescatado del rezago a casi 160 mil personas en los últimos años, pero omite deliberadamente la cifra brutal que persiste: el 25.8% de la población michoacana continúa sin completar la educación obligatoria. Estamos hablando de más de 1.2 millones de almas.

Frente a este escenario de emergencia que requeriría un liderazgo férreo, visionario y de tiempo completo, nos topamos con el abandono institucional de proporciones históricas: la falta de titular que dispute a la delincuencia, la ignorancia, el rezago educativo los grupos fácticos y a la anarquía la rectoría de la educación de más de un millón de niños y jóvenes, la dependencia ha estado en manos de una encargatura de despacho. Han pasado 50 días de parálisis en el corazón del sistema educativo.

Las consecuencias de esta orfandad institucional en Michoacán son devastadoras y medibles. Una encargatura de despacho carece del peso político y la investidura jurídica para sentarse a negociar de tú a tú con la CNTE y garantizar la estabilidad laboral. Carece de la fuerza para exigirle a la Secretaría de Seguridad Pública operativos de protección real en los corredores escolares. Carece del estatus para cabildear ante el Congreso del Estado y la Secretaría de Finanzas el presupuesto educativo del próximo año, y resulta inoperante para destrabar la federalización de la nómina educativa, promesa presidencial que AMLO emitió y que se quedó a la deriva por falta de segumiiento. Dejar a la SEE sin un capitán definitivo a escasos días de iniciar el ciclo escolar es enviar el mensaje más claro a los jóvenes y maestros michoacanos de que, para la clase gobernante, la educación es un mero trampolín y no la columna vertebral del desarrollo social, ni mucho menos, el ariete para abrirles un espacio en el mundo del mañana a las generaciones infantiles y jóvenes del presente.

En medio de esta parálisis directiva, el gobierno estatal insiste en promover el programa D4TA. En el papel, dotar de conectividad e internet a los estudiantes suena a progreso. Sin embargo, en la práctica y en el contexto de una secretaría acéfala, esto equivale a la apertura de una caja de Pandora.Conectar a los jóvenes michoacanos a la red significa, de facto, darles acceso irrestricto a plataformas y redes sociales que hoy en día operan impulsadas por potentes algoritmos de inteligencia artificial.

La IA generativa ya está integrada en WhatsApp, Facebook, TikTok, Instagram y Snapchat. Sin una guía, sin un marco de alfabetización digital y sin autoridades educativas que diseñen contrapesos, el programa D4TA está entregando a nuestros jóvenes a ecosistemas diseñados para capturar su atención, fomentar la adicción a la dopamina desde el mundo digital y polarizar sus emociones. En un estado golpeado por la violencia, las redes sociales impulsadas por IA posibilitan la propagación acelerada de desinformación, el ciberacoso mediante deepfakes, consistentes en imágenes y audios falsos hiperrealistas y abren canales directos para que los grupos criminales perfilen, contacten y extorsionen a la juventud.

Resulta de una ironía trágica y de una disonancia brutal que, mientras miles de estudiantes michoacanos regresarán a escuelas que no tienen agua potable en sus baños, al mismo tiempo sean bombardeados por un programa que les da acceso a las redes sociales más sofisticadas del mundo, dejándolos completamente indefensos ante la manipulación algorítmica. ¿De qué sirve conectar a un joven de un telebachillerato en una zona marginada si el sistema educativo no le enseña a discernir entre una fuente confiable y una campaña de reclutamiento del crimen organizado disfrazada en TikTok? La tecnología sin pedagogía no democratiza el conocimiento; democratiza la vulnerabilidad. Y en Michoacán, eso es jugar con fuego.

El marco en el que se da todo lo anterior se agrava por una evidencia ineludible: la ausencia absoluta de políticas públicas innovadoras, garantistas y dignificadoras en vísperas del arranque del ciclo escolar. Estamos a un par de semanas del 31 de agosto, y no hay una sola estrategia innovadora emanada del gobierno estatal. Se administrará el ciclo con la inercia de siempre. Se dependerá de los programas federales, como la Beca Rita Cetina Universal, esperando que los depósitos de dinero mágico frenen por sí solos el abandono escolar. Pero a nivel estatal, no hay un nuevo protocolo de intervención socioemocional para las escuelas traumatizadas por las balaceras. No hay un nuevo mecanismo para ir a buscar a los más de 20 mil alumnos que abandonaron la matrícula el ciclo pasado. Ni siquiera hay un listado de ellos. El gobierno no los ha ido a buscar, a pesar de tener sus nombres y domicilios. No hay una política pública para formar a los docentes en el uso crítico de la inteligencia artificial. La inercia burocrática ha devorado a la innovación educativa.

Celebrar a la juventud en Michoacán exige mucho más que discursos vacíos en el Día Internacional de la Juventud: demanda actos de gobierno contundentes. Si verdaderamente aspiramos a revertir esta tormenta perfecta, es impostergable pasar de la crítica a la acción. Para el sistema educativo michoacano hay al menos cuatro líneas de acción inmediatas:

En primer lugar: autoridad. Se debe nombrar, sin demoras de cálculo político, a una persona titular de la Secretaría de Educación en el Estado. Este nombramiento no debe ser un premio de consolación para un actor político, sino la designación de un perfil estrictamente técnico, académico, con probada capacidad de negociación sindical y conocimiento profundo de la ruralidad michoacana. Se requiere alguien que asuma la secretaría no como un escalón, sino como el máximo honor y responsabilidad de su vida pública, capaz de poner orden jurídico, presupuestal y pedagógico desde el primer día de clases y generar un gobierno educativo de transición para los 14 meses faltantes.

En segundo lugar, la creación de la política de corredores escolares seguros. Ya no podemos permitir que la SEE actúe como un ente aislado. Es imperativo asegurar colaboración obligatoria entre la SEE, la Secretaría de Seguridad Pública, la Guardia Nacional y los ayuntamientos para garantizar el resguardo físico en los horarios de entrada y salida, así como en las rutas de transporte público escolar los municipios con mayor índice de violencia letal. El derecho a la educación en Michoacán debe comenzar garantizando el derecho a la vida en el trayecto hacia el aula y dentro de las escuelas.

En tercer lugar, la evolución del programa D4TA mediante un plan estatal d ciudadanía digital. No basta con regalar conectividad. La SEE debe implementar de inmediato en los planes de estudio de secundaria y educación media superior una materia o eje transversal obligatorio donde se enseñe a los jóvenes michoacanos a entender,defenderse y usar de manera efectiva, correcta y segura a la inteligencia artificial. Deben aprender cómo funcionan los algoritmos de las redes sociales, cómo detectar deepfakes, cómo proteger su privacidad frente al cibercrimen y cómo utilizar las herramientas de IA generativa para el estudio y el emprendimiento, en lugar de ser consumidores pasivos y vulnerables de entretenimiento tóxico.

También,haber una cruzada estatal de rescate de matrícula. No podemos dar por perdidos a los más de 20 mil estudiantes a quienes el sistema educativo abandonó el año pasado. La secretaría, en coordinación con los municipios y el Instituto de la Juventud Michoacana, debe desplegar brigadas de trabajadores sociales, pedagogos y encuestadores que vayan casa por casa en las colonias y comunidades con mayor. Se debe de identificar por qué cada joven abandonó la escuela, ofrecerles alternativas de reinserción flexibles y asegurar que los apoyos federales y estatales lleguen a ellos, arrebatándoselos así a la estadística de la criminalidad.

El Día Internacional de la Juventud debería ser un recordatorio de nuestra deuda generacional. No lo fue. La educación en Michoacán no puede seguir navegando a la deriva, secuestrada por la apatía gubernamental, amenazada por los fusiles y mareada por las pantallas de redes sociales. Es momento de que las autoridades asuman su responsabilidad histórica, nombren a la persona titular de la secretaría y blinden a nuestros estudiantes. A la juventud michoacana no se le rinde homenaje con un boletín, ni con festivales ni conferencias efímeras, sino garántizándole un pupitre seguro, un maestro definitivo y los aprendizajes necesarios para labrar la mejor versión de sí mismos. En suma: senderos probados para vivir una vida próspera, pacífica y en donde sus sueños y aspiraciones se alcancen.

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*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.