Otro oficio antiguo en el mundo

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Por: Salvador Hurtado

El «oficio» o acto de adular, adular en exceso o actuar de forma servil hacia una persona con autoridad ya sea un jefe, funcionario, director, legislador, gobernante, dirigente o superior con el único fin de obtener un beneficio personal, favores o un trato privilegiado, es muy utilizado aquí y en china.

Una de las peores perversiones en la política es la adulación. La exacerbación, el arrebato, la zalamería, la alabanza, las loas, los aplausos y los halagos, todos estos provienen tanto de los vividores de la política, como en otros que se autonombran doctos en campañas electorales, algunos que se hacen nombrar comunicadores, son  odiados por sus colegas por oportunistas al mejor postor y con poca personalidad que cultivan el orgullo de quienes detentan el poder oficial con el fin de obtener recursos. Es común en estos, evitar dar opiniones propias, sugerir o señalar errores por miedo a perder la piscacha del poderoso.

La adulación o alabanza, conocida coloquialmente como “hacer la barba” o “barberos que no saben hacer otra cosa”, para los marrulleros, es un incienso desmedido e interesado, hecho fríamente calculado de lo que se cree que puede halagar al que se cree el mas chipocludo, con propósito de ganarse su voluntad para fines de lucro, claro hay muchas maneras de ser “barbero o adulador”. Pero hay otra clase de lambiscón que es el más peligroso, ya que lo sabe hacer. Sabe meterse con quien le conviene. Su arma es la intriga y poner a unos en contra otros para ver que raja saca convirtiendo el lugar de trabajo en una cena de negros. Todo el mundo los aborrece, pero no hay más remedio que llevarse con ellos, aunque cuidando la lengua, pues al menor traspié el infeliz está envuelto en un tremendo problema.

Pero el lambiscón, ya sea de mariconcito o de cabrón, es un sujeto que a todo el mundo cae gordo, porque no tiene los productos gallináceos suficientes para ser derecho.

La adulación así rodea a los soberanos que mañosamente se utiliza por los demagogos para su medro personal y hoy como a diario se observa, sobran los lisonjeros o aduladores que se ponen de tapete ante los jefes encumbrados, una anécdota muy trillada contada es que un presidente de la república, le preguntó a su equipo de asesores, “qué horas son”-contestando uno de ellos, el más barbero de inmediato, “las que usted diga señor presidente”.

En nuestro entorno, un lambiscón es una persona que adula (alaba) o sirve de manera exagerada a otra para obtener un favor, un privilegio o alguna mochada.  Por ejemplo algunos aprecian que es recurrente en el PRI donde el grupo que lo manipula, están tan empoderados sintiéndose los dueños del instituto político con todo y edificio, tan fuera de si se encuentran que no se percatan, que algunos de los que al pasar les hacen caravanas, a sus espaldas murmuran a otros y no los bajan de prepotentes, majaderos, bribones y hasta de rateros.

Da pena ver que esos mismos hipócritas se ponen de tapete. Los pocos fieles que quedan en ese instituto político con una amplia trayectoria, se comportan sin confiar y a discreción, no obstante que la competencia desigual es  con los que fueron llevados por el mero mero cuando estos ni las  instalaciones conocían y muchos hasta consejeros son, paradójicamente esos son los que tienen aterrorizados al resto.

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