Patrimonio de papel: el uso político de la planeación urbana en Pátzcuaro

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Marco Aguilar

En agosto de 2024, presenté observaciones formales y bien documentadas al Programa Municipal de Desarrollo Urbano (PMDU) y al Programa Parcial de Desarrollo Urbano del Centro Histórico (PPDUCH) de Pátzcuaro. Las dirigí al Presidente Municipal, con copia a diversas autoridades estatales y federales, esperando un diálogo técnico serio, como lo exige la ley. Nunca obtuve respuesta escrita.

Ayer, el Cabildo anunció con orgullo la aprobación “por unanimidad” del PPDUCH. Lo presentaron como un paso histórico rumbo a una Declaratoria de Patrimonio Mundial por la UNESCO, repitiendo el mismo argumento que utilizaron con el fallido nuevo mercado municipal: simular que toda acción urbanística, sin importar su ilegalidad o su improvisación, nos acerca a ese anhelado reconocimiento internacional.

Detrás de esta narrativa, hay otra historia: la de un proceso plagado de irregularidades, simulaciones y conflictos de interés. Señalé en su momento que el PMDU contraviene el Programa de Ordenamiento Ecológico Local (POEL), que el consultor contratado incumplió con los criterios mínimos de ética profesional, que se violentaron los derechos de consulta de comunidades indígenas y que se usaron talleres simulados como justificación de una participación social que nunca existió.

Ninguna autoridad ha podido desmentirlo. Sencillamente optaron por ignorarlo.

Este tipo de procedimientos, disfrazados de legalidad, son profundamente fraudulentos. Se utiliza dinero público, se violan principios fundamentales de planeación urbana y ambiental, se pisotean derechos colectivos, y todo ello se justifica con una narrativa vacía: la promoción de Pátzcuaro ante la UNESCO.

Estamos ante un modelo de gobierno obsoleto, donde la participación ciudadana es simulada, la técnica subordinada a la propaganda, y el patrimonio se convierte en moneda de cambio político. Es grave, porque lo que está en juego no es sólo un documento, sino el futuro del territorio, la cultura y el tejido social de nuestras comunidades.

Este artículo no busca desahogo, sino advertencia. Si no detenemos esta forma de gobernar —donde la legalidad se interpreta a conveniencia y la planeación se convierte en simulación— el daño será irreversible. No se construye patrimonio cuando se gobierna desde la mentira. Pátzcuaro merece algo mejor que un título; merece verdad, orden y justicia.

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