La degradación del debate público

Comparte la noticia:

La crítica pública forma parte de toda sociedad democrática.

El insulto, la degradación y la deshumanización, no.

En los últimos días he sido objeto de ataques a través de redes sociales mediante publicaciones que recurren a la ridiculización personal, el uso de obscenidades, la manipulación de imágenes y expresiones que buscan desacreditarme no por mis argumentos, sino por mi persona.

No responderé al odio con odio.

Mi trabajo y mis opiniones sobre el patrimonio, el espacio público y la vida de Pátzcuaro pueden ser cuestionados, debatidos o incluso rechazados. Eso es legítimo. Lo que no debería normalizarse es el intento de convertir el disenso en linchamiento, ni la idea de que pensar distinto justifica la humillación pública.

Resulta preocupante que, en lugar de abrirse espacios de diálogo, se promuevan ambientes donde la burla, la estigmatización y la agresión verbal sustituyen a los argumentos.

Pátzcuaro merece algo mejor que eso.

No puedo dejar de señalar que este ambiente de hostilidad no surge en el vacío. Desde hace tiempo, algunas voces críticas en Pátzcuaro hemos sido objeto de descalificaciones públicas, insinuaciones y expresiones de desprecio emitidas desde espacios políticos y mediáticos, donde el disenso ha sido tratado más como molestia que como parte natural de la vida democrática.

Las palabras pronunciadas desde el poder nunca son inocentes. Cuando un ciudadano crítico es reducido públicamente a la categoría de “tipejo”, o cuando se sugiere que debería abandonar su propio pueblo por pensar distinto, se envía un mensaje peligroso: que el disenso merece exclusión y desprecio antes que diálogo.

Las agresiones digitales y la degradación posterior no pueden entenderse completamente separadas de ese contexto.

Quiero dejar constancia pública de que toda publicación, imagen o mensaje degradante ha sido documentado y resguardado. No por ánimo de confrontación, sino porque ninguna sociedad sana debería acostumbrarse a la violencia verbal como mecanismo de silenciamiento.

Seguiré ejerciendo mi derecho a opinar, investigar y expresar ideas de manera crítica y responsable, como cualquier ciudadano.

No escribo desde el odio hacia Pátzcuaro.

Escribo precisamente porque me duele su deterioro, porque creo en su memoria, en su patrimonio y en la necesidad de discutir públicamente su presente y su futuro.

La diferencia de opiniones nunca debe convertirse en una autorización para deshumanizar a nadie.

Marco Aguilar

Amnistía Internacional MéxicoComisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH)Fiscalía General del Estado de MichoacánGobierno de PátzcuaroJulio Alberto Arreola