Pátzcuaro/Cuando gobernar se confunde con organizar eventos

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Marco Aguilar

El patrimonio, el espacio público y las prioridades

«Una ciudad no se gobierna desde la fotografía de sus acontecimientos, sino desde la realidad cotidiana de sus habitantes».

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Hay una diferencia fundamental entre mantener ocupada una administración y gobernar una ciudad. La primera puede medirse por el número de actividades realizadas, las fotografías publicadas y los mensajes de celebración institucional. La segunda exige reconocer problemas, establecer prioridades y ofrecer soluciones.

En Pátzcuaro, esta diferencia merece una reflexión.

La reciente convocatoria del DIF Municipal para una pasarela de mascotas disfrazadas, la extensa cartelera de espectáculos por la Noche de Ánimas y la creciente ocupación comercial de plazas y portales son expresiones distintas de una misma cuestión: ¿qué criterios orientan el uso de nuestros espacios públicos y qué lugar ocupan las verdaderas necesidades de la comunidad?

No se trata de cuestionar la convivencia, el entretenimiento, el comercio o las celebraciones. Todos forman parte de la vida de una ciudad. El problema comienza cuando estas actividades parecen adquirir mayor importancia que su sentido social, cultural y urbano.

La Plaza Vasco de Quiroga no es un escenario cualquiera. Sus proporciones, arquitectura, jardines y memoria colectiva constituyen uno de los mayores valores patrimoniales de Pátzcuaro. Es un espacio vivo, ciertamente, pero su vitalidad no depende de mantenerlo permanentemente ocupado por estructuras, puestos y espectáculos.

Algo semejante ocurre con nuestros portales, concebidos como lugares de circulación protegida y encuentro ciudadano. Hoy podemos observar cómo mesas, exhibidores y comercios temporales reducen considerablemente el espacio disponible para caminar. El aprovechamiento económico puede ser legítimo, pero nunca debería desplazar el derecho colectivo a disfrutar de la ciudad.

Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿con qué criterios se autorizan estas ocupaciones, cuánto se recauda por ellas y qué beneficios recibe la comunidad?

He solicitado por escrito información sobre permisos, cobros y destino de estos recursos, sin obtener las respuestas correspondientes. La transparencia no debería depender de la insistencia ciudadana, sino formar parte natural de la administración del patrimonio público.

La Noche de Ánimas añade otra dimensión a esta reflexión. En Pátzcuaro y las comunidades purépechas de la región, las tradiciones relacionadas con los muertos poseen significados familiares, espirituales y culturales que trascienden cualquier programación turística.

Las tradiciones evolucionan y pueden convivir con nuevas expresiones. Sin embargo, existe una diferencia entre fortalecer una cultura y utilizar sus símbolos como decoración para una sucesión de acontecimientos.

Una tradición puede adquirir enorme visibilidad y, al mismo tiempo, perder profundidad en la manera en que se presenta.

Mientras tanto, Pátzcuaro enfrenta problemas importantes en materia de residuos sólidos, infraestructura, servicios, movilidad, crecimiento urbano y conservación patrimonial. Son asuntos que requieren conocimiento, planeación, recursos y decisiones sostenidas, no solamente presencia mediática.

Nadie propone suspender las celebraciones hasta resolver todos los problemas municipales. Lo que corresponde es establecer prioridades y comprender que organizar actividades no equivale necesariamente a ofrecer resultados.

Una administración puede llenar sus calendarios de eventos y sus redes sociales de fotografías, mientras las necesidades cotidianas de sus habitantes permanecen sin respuesta.

La actividad no sustituye a la planeación. La publicidad no sustituye a los resultados. Y la celebración no sustituye a la responsabilidad.

Pátzcuaro necesita comercio, visitantes, expresiones culturales y espacios de convivencia. Pero también necesita orden, accesibilidad, transparencia y una visión que reconozca el valor excepcional de su patrimonio.

El problema no es que la ciudad tenga fiestas. Surge cuando las actividades dejan de estar al servicio de la ciudad y la ciudad comienza a organizarse principalmente alrededor de ellas.

Gobernar una ciudad histórica exige comprender su pasado, atender su presente y asumir responsabilidades con su futuro.

Las administraciones pasan. La ciudad permanece.

Y una ciudad no necesita que su gobierno parezca estar haciendo mucho. Necesita que haga aquello que verdaderamente importa.

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